Los pasos que ha dado el cine a lo
largo de más de un siglo de existencia confirman un trayecto histórico plagado
de realidades que, en forma de películas, han consolidado una estructura
creativa e industrial que ha permitido superar los problemas que han surgido al
cabo de los años. En su evolución el cine ha consolidado un lenguaje, ha
definido trayectos artísticos, modelos empresariales que han favorecido el
surgimiento de carreras artísticas de todo tipo, construidas sobre modelos y
representaciones que, en muchos casos, han trascendido su propio ámbito
cinematográfico. En el camino, el cine se vio marcado por todo tipo de
vanguardias artísticas, movimientos culturales, circunstancias políticas y
conflictos bélicos.
Los cambios que se aprecian en las películas de finales de los sesenta son
suficientes para que el Hollywood clásico entienda que ha quemado sus últimos
cartuchos. Los productores tienen otro estilo, los directores se adentran
plenamente en el negocio audiovisual, los actores demandan mayores honorarios,
el consumo del cine ya no es en la sala o a través de la televisión, pues el
vídeo ofrece otra ventana de comercialización. La tecnología avanza tan rápido
que revoluciona el concepto creativo cinematográfico y ya, a finales del siglo
XX, se ruedan películas en vídeo digital.
A partir de 1975 el cine
estadounidense entra en la nueva era que va a estar dominada por los
blockbusters, el box-office; es decir, por la rentabilidad inmediata en
taquilla de una película. Desde Tiburón (1975), de Steven Spielberg,
hasta Spiderman (2002), de Sam Raimi, Hollywood va a estar pendiente de
la ventas de entradas en el primer fin de semana.
Esta nueva idea del
negocio la consolida George Lucas cuando dirige La guerra de las galaxias
(1977), todo un fenómeno cinematográfico —toda la saga- que se transforma en
otro sociológico y de mercadotecnia. En este sentido también sorprende el éxito
de Titanic (1997), de James Cameron, de The Matrix (1999), de
Larry y Andy Wachowski, o los éxitos de El señor de los anillos. La comunidad
del anillo (2001), de Peter Jackson, y Harry Potter y la piedra filosofal
(2001), de Chris Columbus. Pero los grandes éxitos no pueden ocultar otras
fracasos; quizás los más sonados fueron los de La puerta del cielo
(1980), de Michael Cimino, y Waterworld, el mundo del agua (1995), de
Kevin Reynolds.

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